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Mujer arrodillada en el living entregando un premio a su perro durante una sesión de entrenamiento

Educación y hábitos

¿Refuerzo positivo o castigo? Esto dice la evidencia

Publicado el 21 de julio de 2026 · 7 min de lectura

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Si tienes un perro, en algún momento alguien te dio un consejo con mucha seguridad: que le des un tirón de correa cuando tire, que lo hagas someterse cuando gruña, que le muestres quién manda. Y probablemente también escuchaste lo contrario: que todo se resuelve con premios y paciencia.

La buena noticia es que esto dejó de ser una discusión de opiniones hace bastante rato. Hay estudios, hay revisiones sistemáticas, hay posicionamientos de sociedades veterinarias, y hay países que directamente legislaron sobre el tema. Vale la pena mirar qué dicen.

Primero, los cuatro cuadrantes (en simple)

Casi toda la confusión viene de que usamos mal las palabras. En el lenguaje del aprendizaje, “positivo” y “negativo” no significan bueno y malo: significan agregar o quitar algo. Y “refuerzo” y “castigo” no hablan de intención, sino de efecto: reforzar es hacer que una conducta se repita más, castigar es hacer que se repita menos.

Con eso salen cuatro combinaciones:

  • Refuerzo positivo: agregas algo que al perro le gusta para que repita la conducta. Le das un trozo de pollo cuando se sienta.
  • Refuerzo negativo: quitas algo incómodo cuando hace lo que quieres. Aflojas la presión del collar recién cuando deja de tirar.
  • Castigo positivo: agregas algo desagradable para que deje de hacer algo. El tirón de correa, el grito, la descarga.
  • Castigo negativo: quitas algo que le gusta. Guardas el juguete cuando salta encima de una visita.

Los cuatro modifican conducta. La pregunta no es si funcionan, sino a qué costo, con qué eficacia y con qué efectos secundarios.

Qué dice la evidencia sobre eficacia

Acá suele haber una sorpresa para mucha gente: no existe evidencia de que el castigo positivo sea más efectivo que el refuerzo positivo. De hecho, hay evidencia que apunta en la dirección contraria.

Los estudios que comparan perros entrenados con distintos métodos encuentran de forma consistente que los entrenados con castigo (o con métodos mixtos, que combinan premios y correcciones) tienen mayor probabilidad de mostrar conductas problemáticas que los entrenados solo con refuerzo positivo.

Una revisión sistemática de la literatura sobre métodos de adiestramiento concluye que los enfoques basados en castigo positivo y refuerzo negativo generan estrés crónico, inhiben el aprendizaje y aumentan la probabilidad de conductas agresivas y de miedo a largo plazo.

Fíjate en el detalle de “inhiben el aprendizaje”. No es solo un tema de bienestar: un animal estresado aprende peor. El castigo puede detener una conducta en el momento, pero no enseña qué hacer en su lugar. Le dice al perro “eso no”, nunca “esto sí”.

Qué dice sobre bienestar y efectos secundarios

El manual de MSD, una de las referencias veterinarias más usadas del mundo, advierte que las técnicas de castigo positivo pueden generar miedo, evitación e incluso agresión.

Ese último punto merece detenerse. Es contraintuitivo (uno castiga precisamente para reducir una conducta indeseada), pero es coherente con cómo funciona el miedo: si un perro aprende que acercarse a alguien, o gruñir cuando está incómodo, termina en dolor o susto, no deja de sentir incomodidad. Solo deja de avisar. Y un perro que deja de avisar es un perro que muerde “sin advertencia previa”.

A esto se suma el efecto sobre la relación. El aprendizaje basado en recompensas construye una asociación entre tú y las cosas buenas. El basado en castigo construye una asociación entre tú y la incertidumbre.

Entonces, ¿por qué tanta gente jura que el castigo funciona?

Porque en cierto sentido funciona: funciona rápido. Y ahí está la trampa.

Un estudio publicado en la revista Animals analizó justamente las barreras que impiden que los métodos amables se adopten más. Identificó tres: desinformación, tradición, y la percepción errónea de que el castigo funciona rápido. Rápido no es lo mismo que eficaz, y desde luego no es lo mismo que seguro.

Cuando le pegas un tirón de correa a un perro que tira, deja de tirar en ese segundo. Eso es un refuerzo inmediato… para ti. Tú acabas de aprender que el tirón funciona. El perro, en cambio, aprendió algo distinto: que acercarse a otro perro por la calle a veces duele. Semanas después ese perro gruñe cuando ve a otro en la vereda, y nadie conecta una cosa con la otra.

El refuerzo positivo tiene el problema inverso: los resultados se ven más lento, así que es más fácil concluir que “no funciona” y volver a lo de siempre.

Qué dicen las sociedades veterinarias (y qué países legislaron)

Esto no es una postura marginal ni una moda. Organizaciones como la American Veterinary Society of Animal Behavior (AVSAB), la British Veterinary Association y la European Society of Veterinary Clinical Ethology han publicado posicionamientos recomendando abandonar los métodos basados en dominancia y usar técnicas de refuerzo positivo como estándar.

Y varios países fueron más allá de la recomendación: Reino Unido, Dinamarca y Alemania prohibieron los collares de descarga eléctrica.

El mito del “perro alfa”

Vale la pena decirlo directo, porque sigue circulando en televisión y redes: la idea de que tu perro te desafía por jerarquía, y de que hay que “ponerlo en su lugar”, no se sostiene.

Viene de observaciones antiguas hechas en lobos cautivos (animales sin relación entre sí, encerrados juntos) que después se demostró que no representan cómo funcionan las manadas reales, ni mucho menos la convivencia entre perros y personas. Los posicionamientos de las sociedades veterinarias mencionados arriba apuntan justamente a dejar atrás ese marco.

En la práctica, casi todo lo que se interpreta como “desafío” es otra cosa: un perro que no entiende lo que le pides, uno que está asustado, uno al que nadie le enseñó una alternativa, o uno que está incómodo por dolor.

¿Y los gatos?

Lo mismo, con un matiz: los gatos responden al entrenamiento con refuerzo positivo (transportín, cepillado, manejo veterinario, uso del rascador), pero son mucho menos tolerantes al castigo. Un gato castigado no aprende a evitar la conducta; aprende a evitarte a ti, o a hacerlo cuando no estás. Y el estrés crónico en gatos tiene consecuencias médicas concretas, no solo conductuales.

Cómo elegir a alguien que te ayude

En Chile el adiestramiento no es una profesión regulada, así que cualquiera puede ofrecer el servicio. Estas preguntas te sirven para filtrar antes de contratar:

  • ¿Qué método usa y qué pasa cuando el perro se equivoca? Si la respuesta involucra correcciones físicas, tirones o “corregir la energía”, sigue buscando.
  • ¿Qué herramientas usa? Collar de ahorque, de púas o eléctrico son motivo suficiente para descartar.
  • ¿Qué formación tiene? Pide detalles concretos, no solo años de experiencia.
  • ¿Puede acompañarte a una sesión antes de contratar? Ver cómo trabaja vale más que cualquier folleto.
  • ¿Deriva a un veterinario cuando corresponde? Un buen educador sabe que hay problemas de conducta con causa médica de fondo y no intenta resolverlos solo.

Cuándo esto se pasa de largo

Si tu perro muestra agresividad, miedo intenso, o cambió su comportamiento de forma brusca, esto ya no es un tema de método de entrenamiento. Corresponde una consulta veterinaria para descartar dolor o enfermedad, y probablemente la evaluación de un especialista en comportamiento animal. No es un fracaso tuyo: es reconocer cuándo el problema necesita otra herramienta.


Qué llevarte de todo esto: el castigo no es más rápido en enseñar, es más rápido en detener. Lo que se detiene no es la emoción que hay detrás, y esa emoción reaparece después, muchas veces peor. Premiar lo que quieres que se repita es menos espectacular, toma un poco más de tiempo, y es lo que la evidencia respalda.

Fuentes

  • MSD Veterinary Manual: Behavioral problems of dogs
  • Todd, Z. (2018). Barriers to the adoption of humane dog training methods. Animals.
  • Revisión sistemática sobre métodos de adiestramiento y bienestar canino
  • Posicionamientos de AVSAB, British Veterinary Association y ESVCE
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